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Caminando escuelas rurales de Latinoamérica, Proyecto Miradas sigue redescubriendo cielos, y con ellos voces, historias, silencios, festejos y dolores. Subidas y bajadas parecen surcar el destino errante de este sueño colectivo, que a los abrazos limpios se reconoce y fortalece.
Todavía resuena esa vocecita cansada y viejita, la de aquella paisana arrugadita y abrigada con lana de sus propias llamas, que se acercó de la mano de su hijo al telescopio montado sobre un vallecito chileno. Dijo que hacía tiempo que no se detenía a mirar el cielo, que soliía hacerlo con su padre en el campo cuando niña. Dijo aquella indiecita hermosa tras mirar a Saturnoi: “Ahora sí. Ahora puedo morir tranquila”.

 

Bueno, la cosa era tan complicada como lo imaginabamos! Llegamos a Cartagena entusiasmados por las historias de esclavos, piratas y colonizadores. Pero las aventuras de corsarios quedaron apañadas por las que nos estaban esperando. Llegamos cuatro, con ganas de todo pero con el horizonte claro en el cruce. 

Era casi de noche, el Aguará nos condujo casi derechito hasta la calle de la media lunai, ruta romantica ubicada en el corazón de Getsemaní. De un barrio que suma historias en sus veredas y las expone todavía en las puertas abiertas de cada casa, con cada uno de sus personajes. 

En esa calle nos encontramos un rinconcito que se hizo nuestro domicilio por casi un mes. Rodeados de pintadas, vagabundos, y amigos, buenos y creativos amigos. Ayudó al encuentro un centro cultural a dos puertas del estacionamiento: "Ciudad móvil", fue escenario de Lumi y la Toki con sus improvisaciones, la cooperativa teatral itinerante banana con sus funciones de clown, Trini, Paulita y la Vivi con sus varietes y nosotros con un taller para los chicos de por ahí. 

Este grupo se hizo nuestra familia y se volvió cotidiano organizar las comidas, trabajos y paseos juntos. Nos acompañamos todo lo que pudimos, haciendolé caso a nuestras ganas de compartir y fueron muchas las cosas lindas que salieron.

Pero después se vino la contracara... cuando fuimos a confirmar nuestro lugar en el barco nos encontramos con la sorpresiva noticia de que los costos se triplicaron. Esta cachetara nos apuro en trámites y empezamos a movernos a paso desesperado. Nos reunimos con fundaciones,salimos cada noche con el telescopio a compartir miradas por colaboración, vender collares, fuimos a Barranquilla a pintar caras para el carnaval, Yayo retrato a todo el barrio y empezamos una venta masiva de remeras en Rosario con todo el apoyo de los amigos y la familia. 

El 25 de febrero embarcamos el auto aunque el dinero no haya sido reunido pero nos endeudaremos. La cosa es que nos vamos para llegar a Panamá donde nos esperan varias escuelas y de ahí largo viaje hasta México en un recorrido que promete en la sumatoria de experiencias, de encuentros con las poblaciones rurales para seguir en este camino de astronomía y de chicos, de pueblos y culturas, de ganas por hacer!

 

 

 

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